Rabia. Sí. Eso es lo que siento y así es como se llama.
Tengo rabia cuando las cosas dan un giro de 180 grados y ni se asemejan
a lo que deberían ser.
Tengo rabia cuando las cosas ocurren y no puedes hacer nada por controlarlas.
Rabia por las cosas inútiles e idiotas. Rabia por las injusticias y las estúpidas normas a acatar.
Y esta rabia me viene de lo más sencillo, de lo más banal que le puede ocurrir a un estudiante en épocas de examenes. Un suspenso.
Pero cuando el suspenso en la asignatura te lo tienes que comer teniendo el trabajo final y el examen final aprobados de sobra, eso no gusta.
Eso da rabia, porque es injusto e incomprensible.
¿Acaso en Septiembre me habré derrimido de mis faltas a clase y me aprobarán por ello? ¿No harán sino examinarme exactamente de lo mismo que ahora he aprobado?
¿Y a que precio?
En vez de una licenciatura ahora y una búsqueda intensiva de trabajo y una futura beca a examinarme de la plaza en junio, ahora me espera todo un año tonto, inútil, agónico, para examinarme de una asignatura por redención.
Todo esto es estúpido.
Y no puedo evitar que me cause rabia.
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